Recuerdo agridulce, si recuerdo mi primera comunión como un día feliz que empezó para una niña de 7 años, a las 7 de la mañana, porqué como sabréis no se podía comer nada por lo menos dos horas antes de la ceremonia. Mi mamá me despertó me bañó, me preparó el desayuno y acto seguido llegó la peluquera( antes era muy común que acudieran a peinarte a casa) llegó me peinó mi melenita (entonces no era larga) y así pasaron las horas hasta que la casa empezó a llenarse de familiares y amigos, llegaban todos de distintos lugares, era un jaleo tremendo, porqué había más niño@s que tenían que seguir el mismo proceso, bañar, vestir peinar etc, imaginad, vestiditos almidonados, zapatitos, ropa interior de ganchillo (que incómoda, je,je) con todo eso y ahora preparar desayunos para la la familia, unos llegaban otros se quitaban de en medio y daban un paseo por la ciudad mientras llegaba la hora H.
Recuerdo a mis dos abuelas trasteando en la cocina preparando el cordero y más cosas ricas ( lo recuerdo perfectamente llevaba piñones y una salsita riquísima que una de mis abuelas me dio a probar la primera),llevo ese olor, ese sabor metido en mis sentidos).
Todo ello acompañado por los dulces de comunión que mi mamá ( días antes) había ido al horno cercano a casa a elaborarlos, cocos, perrunillas, magdalenas, rosquillas, como podéis imaginar mi gran familia dio buena cuenta de todo.
Fue un día feliz, bueno con un pequeño contratiempo (cachetes de la mano de mamá,bien merecido lo tenía).
Lo que sucedió y el porqué de los cachetillos fue, que aparte de los varios regalos y dinero (una tía) me regaló un anillito de oro con una preciosa aguamarina enorme, el anillo, como se solía hacer, te lo compraban grande para que lo lucieras cuando fueras un poquito más mayor, bueno pues cabezota que era (aún sigo siendo) me empeñé en ponérmelo, mi mamá cedió, me lo puso, recuerdo juegos con mis hermano@s y primos, y había uno especialmente travieso, que comenzó a perseguirnos con una flor de cardo, todos y todas corrimos hacia la casa a refugiarnos, ufff el cardo pica mucho, pues.....pasó que en el tremendo barullo de pequeñajos, !perdí el anillo!.
En cuanto me dí cuenta de la pérdida corrí a contárselo a mi mamá que deseperada comenzó a buscarlo en compañía de mis tías y no recuerdo quién más, por fin lo encontraron todo pisado y con la piedra a punto de salir del anillo,!!cachetes por cabezona!! y una reprimenda, si recuerdo bien, mi mamá, mis abuelas y mis tías con tremendo disgusto.
A pesar de todo fue un día feliz (cachetes incluidos) que no maltrato, para nada me quejé bien merecido lo tuve.
Recuerdo, vivos recuerdos que mi memoria guarda con cariño y mucha nostalgia.